GRAMÍNEAS AUTÓCTONAS

gramineas-autoctonasEl objetivo de toda restauración es implantar una cubierta vegetal eficaz y perdurable en el tiempo. De poco o nada sirven la siembra con especies inadecuadas que tras la germinación en la época favorable se agostan y no perduran más allá.

No es un tópico aquello de “ponerlo verde para la foto” sin importar los resultados a medio y largo plazo. Así cualquier siembra únicamente con especies forrajeras en zonas de clima mediterráneo y/o taludes difíciles suelen caracterizarse por una germinación más o menos rápida y un desarrollo aceptable y llamativo en época favorable con lluvias y temperaturas moderadas, seguida de un agostamiento precoz que muchas de las veces no permite resembrarse a las especies anuales ni  establecerse a las vivaces.

Una cubierta vegetal perdurable en el tiempo se debe basar como es lógico en especies, sean vivaces, anuales o la mezcla de ambas, adaptadas a las condiciones de la zona de manera que puedan implantarse y sobrevivir en el tiempo así como fructificar y resembrarse adecuadamente.

Es por ello que considerando que cualquier mezcla de semillas se basa en gramíneas en un 60-70% del peso, la correcta selección de estas especies es fundamental para el éxito en su empleo.

Si consideramos que las gramíneas habitualmente son variedades seleccionadas y mejoradas para la producción de forraje normalmente en zonas lluviosas o en regadíos, se hace evidente  su poca adaptación a las duras condiciones imperantes en la mayor parte de la península a excepción de la cornisa cantábrica.  En consecuencia se hace imprescindible emplear gramíneas mediterráneas adaptadas a las condiciones edafoclimáticas propias de gran parte de nuestro país.

Algo parecido sucede con las leguminosas, familia que aporta buena parte del resto del peso de la mezcla.