Si bien las gramíneas primeramente y las leguminosas herbáceas después constituyen el grueso de las mezclas de semillas empleadas en revegetación, especies de otras familias pueden utilizarse para complementarlas y mejorar los resultados en muchos casos.
Especies vivaces, subarbustivas, arbustivas y, menos frecuentes, arbóreas se incluyen con objeto de aumentar la biodiversidad, potenciar el control de la erosión y/o restaurar la vegetación y paisajes previos.La experiencia acumulada durante los últimos veinte años de empleo de estas especies ha puesto de manifiesto la importancia de emplear, de entre las especies posibles, aquellas especies que presentan un carácter más frugal y una germinación más rápida. En este sentido debe ser evitado el empleo de aquellas cuya lenta germinación y desarrollo dificultan su implantación.
Así mismo conviene aclarar que el resultado de la implantación de estas especies viene influenciado por las condiciones de los suelos sobre los que se actúa, por la época de siembra y las condiciones climáticas tras la siembra, así como por la interacción con las gramíneas presentes en la mezcla y su dosis de siembra.
En ocasiones y con objeto de favorecer la germinación y desarrollo de las especies no gramíneas, conviene reducir la dosis de siembra general para evitar una excesiva competencia de las gramíneas sobre el resto de especies incluidas en la mezcla, y especialmente cuando las condiciones del suelo favorecen el desarrollo de las gramíneas, sobre todo de las forrajeras.
